[ART.] ¿Estás listo para dar el salto a una Startup?

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Artículo escrito por Joanna Rodríguez, Senior Consultant de HEADWAY Executive Search

Trabajar en una empresa emergente o incluso emprender es el sueño de muchos profesionales, aunque no siempre están preparados para el cambio

Solemos pensar que las startups las fundan profesionales jóvenes recién salidos de las universidades que han tenido ideas brillantes. Aunque la verdad es que el 34% de los equipos fundadores de las startups españolas están formados por profesionales mayores de 45 años, según el Mapa del Emprendimiento de South Summit. Además, un número creciente de empresas emergentes, están optando por incorporar a ejecutivos con experiencia procedentes de grandes empresas para reforzar sus cuadros directivos.

No hay duda de que los directivos que han trabajado en grandes corporaciones tienen mucho que aportar a las nuevas empresas. Cuentan con experiencia, conocimientos, contactos y una mentalidad de trabajo orientada a obtener logros y minimizar riesgos. En este sentido, pueden ser determinantes para cerrar una ronda de financiación, impulsar el crecimiento de la compañía o implantar un plan de expansión internacional.

Por su parte, para muchos profesionales que llevan décadas en el mundo de la empresa, fichar por una startup puede resultar una idea atractiva. Supone un reto profesional, un estímulo para reinventarse e incluso la posibilidad de convertirse en propietario de parte del negocio gracias a las participaciones que algunas startups ofrecen a sus directivos. Así mismo, frente a la figura del empresario y el directivo con un estilo de dirección tradicional, que ha quedado un poco desfasado, el emprendedor o el directivo de una startup goza de una brillante aura social y mediática que se traduce en más oportunidades para tener proyección pública.

A tener en cuenta para dar el salto a una startup

Sin embargo, el cambio de una gran empresa a una startup no es tan fácil como parece. Para empezar, fichar por una empresa emergente no está exento de riesgos: ocho de cada diez startups fracasan en sus primeros cinco años de vida. Y, mientras en Estados Unidos hay una cierta cultura del “renacido” que valora este tipo de experiencias, en España pudiera ser considerado una “mancha” que se intenta disimular en el currículum.

La remuneración a la que se puede aspirar en una startup tampoco es equiparable. Los sueldos de las multinacionales pueden ser el triple de los que se pagan en las empresas emergentes a nivel de retribución fija, aunque en las startups sí que se ofrecen otras compensaciones interesantes como acciones. Además, a la remuneración monetaria las grandes empresas suelen añadir otros beneficios como mutuas médicas, vehículo de empresa, etc. que también conviene tener presente.

Lo mismo ocurre con las condiciones de trabajo; si nos fijamos en las clasificaciones de las mejores empresas para trabajar que se elaboran periódicamente, siempre están encabezadas por multinacionales y apenas hay startups entre las primeras posiciones. Es cierto que las empresas emergentes han sido pioneras en aspectos como la flexibilidad horaria, home office o las estructuras menos jerarquizadas; pero todo esto se halla enfocado a fomentar la productividad, mientras que las multinacionales suelen tener programas de conciliación y desarrollo directivo mucho más ambiciosos y consolidados.

La cultura de trabajo de una multinacional también es radicalmente distinta a la de una startup. En las empresas emergentes todo es mucho más dinámico. Se trabaja con equipos pequeños, recursos que hay que optimizar al máximo y plazos ajustados. A menudo hay que inventarlo todo desde cero, ya que no existen procedimientos establecidos, know-how y/o referentes.

Qué se necesita para dirigir con éxito una startup

Una vez dicho todo lo anterior, hay que señalar que incorporarse a una startup también puede tener grandes gratificaciones laborales y personales para un directivo. Aparte del desafío profesional que supone y las posibilidades de promoción, abre las puertas del llamado “ecosistema emprendedor”, que puede ofrecer interesantes oportunidades e incluso la posibilidad de acabar emprendiendo con nuestra propia empresa en el futuro.

A pesar de todo, para dar este salto hay que contar con la experiencia, las capacidades y la actitud adecuada. Como decíamos antes, la experiencia es muy valorada porque compensa la principal carencia que suelen tener los equipos directivos de las startups y ayuda a convertir una empresa de rápido crecimiento en un negocio consolidado.

En cuanto a las capacidades, frente a la especialización que impera habitualmente en las grandes empresas, en las startups se impone la multitarea. Además de ser expertos en su trabajo, los directivos de las empresas emergentes deben tener desarrolladas otras capacidades como la gestión de equipos, la comunicación persuasiva o los idiomas. No olvidemos que, aparte de dirigir su área específica, el directivo de una startup a menudo se verá en la necesidad de participar en negociaciones con inversores o de representar a su compañía en eventos públicos o en intervenciones en los medios de comunicación.

Finalmente, la actitud del profesional debe estar a la altura del reto al que se enfrenta. Como cualquier empresa que empieza, en una startup está todo por hacer: hay que arremangarse y trabajar muy duro para cumplir los objetivos con deadlines ajustados. Es necesario tener la capacidad de optimizar los recursos disponibles y conseguir resultados rápidamente, ya que al ser un mercado tan dinámico, no se suelen dar segundas oportunidades. La presión suele ser muy intensa y hay que estar preparado para ello.

Por lo tanto, antes de tomar la decisión de fichar por una startup, hay que considerar los pros y los contras y tener muy claro si realmente un proyecto de este estilo es el que quisiéramos afrontar como próximo paso profesional. De lo contrario, el salto que soñábamos podría convertirse en un paso atrás.

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