[ART.] EL EGO DEL DIRECTIVO
Artículo escrito por Astrid Groot, Partner de Headway Executive Search
Cuando pienso en el Ego, me aparece la foto de un León, quizás porque lo conocemos por ser un animal portador de valores como el poder, la fuerza, la decisión, el valor, la realeza o la dignidad. Pero este carácter fuerte, robusto y seguro de si mismo, nos puede dar miedo y respeto, a pesar de que dicen que son animales muy sociables entre su manada.
Lo mismo pasa con el ego del directivo que, mal gestionado, puede tener un impacto bastante negativo para la empresa, pues si no se controla bien, en lugar de proyectar valor, decisión, fuerza, seguridad … genera miedo, rechazo y distancia por parte de los equipos.
A continuación, quiero dar unas pinceladas del impacto negativo que esto tiene, para que podamos tomar conciencia de ello y, proponer algunas ideas para trabajar y controlar el ego y, que no nos vean como meros depredadores.
El impacto de la mala gestión del ego puede afectar en la toma de decisiones, pues un ego elevado puede llevar a decisiones impulsivas o poco fundamentadas, ya que los directivos pueden priorizar su propia visión sobre la opinión de otros. Esto puede resultar en estrategias ineficaces o en la falta de innovación.
También afecta al cambio, los directivos con un ego fuerte pueden resistirse a las críticas o a nuevas ideas, lo que puede obstaculizar la adaptación a cambios en el mercado o en la industria. Y, si el líder se centra demasiado en su propio éxito, puede descuidar la importancia del trabajo en equipo, limitando la colaboración y la comunicación entre departamentos, lo que es crucial para el éxito de la empresa.
Además, como en el rol del líder está el desarrollar el talento del equipo, si su ego es demasiado elevado, puede llevarle a no reconocer ni valorar las contribuciones de su equipo y, perder así, las oportunidades de desarrollarlo y retenerlo, lo que llevaría a la empresa a una alta rotación y a la pérdida de conocimientos clave.
Todos estos aspectos impactan directamente en el clima laboral, pues se cuando se crea un ambiente de trabajo tóxico, donde los empleados y homólogos pueden sentirse intimidados o desmotivados, afectando a la moral de todo el conjunto de profesionales y, en consecuencia, afectando directamente en la productividad.
Y también hay que remarcar que un directivo con un ego desmedido puede hacer que los directivos se enfoquen en logros a corto plazo para alimentar su propia imagen, en lugar de construir una estrategia sostenible a largo plazo para la empresa, cosa que afecta directamente a la visión a largo plazo y al desarrollo estratégico de la compañía.
Por lo tanto y en resumen, un ego saludable siempre es más beneficioso para todos, ya que puede impulsar la confianza y la capacidad de liderazgo; fomentar una cultura de feedback y colaboración mitiga los efectos negativos del ego y, la clave está en encontrar un equilibrio, donde los directivos puedan sentirse seguros de sí mismos sin dejar de ser empáticos, receptivos y humildes.
Pero, ¿Cómo puedes trabajar en tu ego hoy para ser un mejor líder mañana?. Para muchos directivos, controlar el ego es un desafío importante hay varias estrategias que pueden ayudar a mantenerlo en equilibrio. Aquí te comparto algunas ideas:
- Fomentar la autoconciencia: Reflexionar sobre sus propias acciones y decisiones es fundamental. Un directivo puede beneficiarse de la práctica de la autoevaluación regular, preguntándose cómo sus decisiones afectan a los demás y a la empresa en general.
- Buscar feedback: Estar abierto a recibir retroalimentación de colegas y empleados puede ayudar a un directivo a tener una perspectiva más amplia. Escuchar las opiniones de otros puede ofrecer valiosas lecciones y reducir la tendencia a actuar de manera egocéntrica.
- Practicar la humildad: Reconocer que no se tiene todas las respuestas y que otros pueden tener ideas valiosas es clave. Un directivo puede practicar la humildad al dar crédito a su equipo y celebrar los logros colectivos.
- Fomentar un ambiente colaborativo: Promover una cultura de trabajo en equipo donde se valoren las contribuciones de todos puede ayudar a un directivo a mantener su ego en check. Esto también crea un espacio donde todos se sienten cómodos compartiendo ideas.
- Establecer metas centradas en el equipo: En lugar de enfocarse únicamente en logros personales, un directivo puede establecer objetivos que beneficien al equipo y a la organización en su conjunto. Esto ayuda a desviar la atención del ego hacia el éxito colectivo.
- Practicar la empatía: Ponerse en el lugar de los demás y entender sus perspectivas puede ayudar a un directivo a ser más consciente de cómo su comportamiento afecta a los demás. La empatía fomenta relaciones más saludables y un ambiente de trabajo positivo.
- Desarrollar habilidades de escucha activa: Escuchar atentamente a los demás, sin interrumpir ni juzgar, puede ayudar a un directivo a valorar las opiniones ajenas y a reducir la necesidad de imponer su propia visión.
- Buscar mentoría o coaching: Contar con un mentor o un coach puede proporcionar una guía valiosa y ayudar a un directivo a trabajar en su desarrollo personal y profesional, incluyendo el manejo del ego.
El control del ego es un proceso continuo y la disposición a aprender y crecer es fundamental para cualquier líder que desee tener un impacto positivo en su equipo, piensa qué quieres ser: ¿la figura que guía y admiran? ¿o el depredador del que todos quieren huir?


